Mi primer Maestro -ANTONIO BLAY



Ocurrio alrededor del año 1965, cuando ya habia devorado los libros de Lobsang Rampa y alguno de Khrisnamurti, pero sabia poco y nada sobre Espiritualidad.
Para mi eran epocas de formacion, Marketing, en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales, Idiomas, en Academia Interterra y en el Instituto de Estudios Norteamericanos, Relaciones Humanas, en Dale Carnegie, Lectura rapida…
Asi fue que encontre un anuncio proponiendo cursos de Yoga y Crecimiento Personal en una institucion llamada DHARMA situada en Barcelona, la ciudad donde naci y vivia. El lugar era un chalet en una parcela en el Paseo del Monte, por entonces una discreta zona residencial, que era tambien su lugar de residencia.
Alli me encontre inmerso en las charlas presenciales que impartia Antonio Blay a las que seguian sesiones de practicas de Meditacion, Yoga y otra actividad con Musica cuya tecnica mas tarde supe que se llamaba Subud.
Las charlas que nos daba Antonio Blay eran impartidas en una sala amplia, el sentado frente a una pequeña mesa con un microfono y una grabadora y sin ayuda de guion alguno. Los asistentes desparramados por el suelo, con una actitud reverencial y atenta, lo que convertia el lugar en lo mas parecido a un ashram.
Antonio Blay tenia una anatomia generosa, por no decir una ligera obesidad, lo que no le impedia moverse con una agilidad asombrosa. En ocasiones, cuando llegabas a la clase con algun antelacion, lo encontrabas jugando a ping-pong con alguno de sus alumnos y daba muestras de una movilidad y reflejos extraordinarios.
Las practicas de Yoga las impartia su compañera, no recuerdo el nombre y la terapia con musica se desarrollaba en una sala con suelo acolchado y quizas paredes tambien, pero no lo recuerdo. Se trataba de una actividad «potente» que consistia en oir musica clasica, Bethoven, Vivaldi, Mozart, Tchaikowski y…dejarse ir, permitiendose toda clase de gestos, voces, gritos que ayudaran a exteriorizar los sentimientos que te provocaba la pieza que sonaba.
Esta practica, en una sala cerrada con diez, veinte personas, moviendose compulsivamente y gesticulando, gritando a la vez, resultaba bastante impresionante, no he estado nunca en un loquero, pero debia ser lo mas parecido… hasta que te liberabas lo suficiente para aislarte del entorno y te dejabas ir, eso si, siempre conservando plena consciencia.
Aun ahora, sesenta años mas tarde, cuando escucho por ejemplo el Himno a la Alegria me sigo estremeciendo…
Las lecciones magistrales de Antonio Blay eran muy digeribles, pese a lo novedoso de los conceptos, el Yo, el SuperYo, la Atencion Central… por su capacidad de comunicacion, clara, sencilla y brillante a la vez.
En las sesiones Yoga y Meditacion, llegamos a un punto en que se nos sugeria hacer ejercicios en nuestra casa para «escuchar la presencia de Dios»… en mi caso, fui progresando hasta que un dia…senti que llegaba una ENORME presencia, energia, «algo» que me aplastaba…senti panico y…me bloquee. Ya nunca mas fui capaz de continuar.
Asi fue que conoci y tuve el privilegio de recibir las enseñanzas de Antonio Blay, el fue mi primer Maestro y tambien debo reconocer que, quizas por ser aun demasiado joven e inmaduro, no supe sacarle todo el provecho.
Manix de Mintaka, agosto de 2024
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