27 de abril de 2026

Sabiduria Oriental

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Hay un personaje mítico de China llamado Lao Tse que vivió unos
quinientos años antes de Cristo. Algunos lo consideran uno de los
inmortales chinos, y otros un sabio o un monje.
Un día llegó a un fuerte que custodiaba la frontera de China, yendo en
dirección al Tíbet. Allí le pidieron que antes de cruzar la frontera pusiera
por escrito sus conocimientos.
El monje accedió y su trabajo fue el famoso Tao-te-Ching, o sea el libro del
Tao.

Luego cruzó la frontera hacia el oeste, hacia el Tíbet, desapareciendo
para siempre.

—¿Y qué es el Tao? —me pregunta un amigo poco dado a la filosofía.
Yo sabía que la respuesta del libro sería un cuento chino para él, por lo
tanto, le hablé de algo que aparentemente no tenía nada que ver con el
tema. Le hablé sobre un hotel de hielo.
En un centro turístico de Suecia se construye todos los años un hotel hecho
enteramente de hielo que obtienen del río Torne, un río congelado casi

todo el año que se derrite al llegar del corto verano. También el hotel de
hielo se convierte en agua que retorna al río.
Son de hielo no solo las habitaciones sino también las mesas, sillas,
camas, platos y copas, la ornamentación y hasta algunas esculturas hechas
por los propios turistas. Pero reaparece el sol sobre el horizonte sueco, y el
hotel de hielo comienza a derretirse.
Hay un video donde un arquitecto camina entre los restos del hielo y
reflexiona: los muebles eran el río; las copas, las camas y las paredes
siempre fueron el río. Eso es lo fascinante, dice, porque todo era el río Torne y todo vuelve a él.

Entonces retomando el tema, resulta que algo parecido a esto escribió Lao
Tse, antes de su viaje definitivo.
Decía que llegará un momento en que todos los seres y las cosas volverán
a la fuente que está detrás de toda existencia, retornando a un origen
primordial.
Algo así como un gran río que el viejo monje llamaba el Tao.


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