18 de octubre de 2026

Cuidado con…Convivir con 230 centros de datos en la puerta de casa: “Nadie nos avisó de lo que iba a pasar”

centro-de-datos

El condado estadounidense de Loudoun, en el norte de Virginia, acumula la mayor concentración del mundo. También es el más rico del país, con un ingreso medio de 180.000 dólares por persona

La naturaleza en los alrededores fue uno de los factores que decidió a Greg Pirio, historiador especializado en África, a comprar hace 14 años su casa en el condado de Loudoun (norte de Virginia). Le encantaba dar largos paseos con su perro por senderos que atravesaban arboledas y escuchar a los pájaros. Hace tres años, un gran centro de datos se instaló a apenas un centenar de metros de su puerta. Desde que empezó a funcionar, hace año y medio, un zumbido constante y humos que le provocan a él y a sus vecinos dolores de cabeza, conjuntivitis y problemas respiratorios han sustituido a los trinos de las aves.

“Nadie nos avisó de lo que se nos venía encima”, se lamenta desde su salón. Desde la ventana, tras una fila de árboles y arbustos que forman una precaria barrera, se intuye la gran masa azul del edificio tecnológico.

El condado de Loudoun, de 430.000 habitantes y a las orillas del río Potomac, muy próximo a la capital estadounidense, Washington, acoge la mayor concentración de centros de datos del mundo. Tanto, que se ha ganado el sobrenombre Data Center Alley, (Avenida de los centros de datos). Son un total de 233, construidos o en edificación. Juntos ocupan más de 45 millones de metros cuadrados de terreno, el 3% del total del territorio del condado, y consumirán tanta electricidad como 2,2 millones de hogares. Su aportación fiscal representa el 40% del presupuesto de Loudoun.

La expansión de los centros de datos en la última década también ha contribuido a convertir este condado en el más rico de todo Estados Unidos: el ingreso medio de sus residentes ronda los 180.000 dólares por persona. La prosperidad se palpa en los cuidados centros de sus ciudades, sus relucientes instalaciones deportivas y sus frondosos parques. Según las autoridades del condado, el sector ha creado 17.000 puestos de trabajo, contribuirá con 1.300 millones de dólares (1.160 millones de euros) en impuestos en el año fiscal 2027 y sus pagos han permitido reducir los impuestos inmobiliarios a sus residentes.

Junto a ellos, a lo largo de unas amplias carreteras impecablemente asfaltadas, conviven las moles de los centros de datos, inmensos edificios sin ventanas cuyo zumbido se ha convertido en una parte más de la vida diaria de comunidades enteras. O en una pesadilla. Varias asociaciones ciudadanas han comenzado a organizarse, unidas por la idea de que los perjuicios que dejan esas instalaciones superan los beneficios.

Esas instalaciones cobijan los equipos y los datos necesarios para que internet y la inteligencia artificial funcionen. Empezaron siendo, hace un par de décadas, del tamaño de un hipermercado. Ahora están por todo Estados Unidos, de Virginia a California, y se planean muchas más en los extrarradios urbanos y zonas rurales; algunas podrían ser más extensas que todo Manhattan.

Representan, asimismo, una de las grandes peleas en las elecciones estadounidenses de medio mandato, el próximo 3 de noviembre, y se han convertido en fuente de preocupación —y de oposición— en todo el mundo. Sus defensores, con Donald Trump a la cabeza, alegan que son fuente de riqueza y de creación de empleo. Que quien no los acepte se quedará irremediablemente atrás en la carrera del progreso —“pobres y subdesarrollados”, según el presidente estadounidense— y perderá una prosperidad casi regalada.

Pero los centros de datos, que han ido creciendo como hongos al tiempo que se disparaba la carrera por la inteligencia artificial, también se han convertido en el símbolo más visible de las suspicacias que despierta esa tecnología y los cresos que la desarrollan.

En Estados Unidos ya funcionan 1.333 de estas instalaciones y otras 2.359 están en fase de planificación o construcción, según los datos de la firma de análisis de mercado Cleanview. De acuerdo con un estudio del Annenberg Policy Center de la Universidad de Pensilvania, el 61%, se oponía en agosto a ellas en sus vecindarios, un salto de 12 puntos porcentuales con respecto a un sondeo previo, en febrero y marzo.

Como en el resto del mundo, en Loudoun preocupan los efectos medioambientales —esos complejos consumen vastas cantidades de agua y electricidad—, la contaminación del aire y el ruido. También el impacto sobre el precio de sus viviendas, para muchos su mayor fuente de capital, y en las facturas de la luz, disparadas en el norte de Virginia. El 40% de la electricidad consumida en 2024 en ese Estado correspondió a esas instalaciones, según un análisis de Bloomberg. Entre los de Loudoun y otras zonas, Virginia acumula unos 600 centros de datos. Y tres cuartas partes de los votantes de ese Estado culpan a esos complejos de las subidas generalizadas de la factura de la luz.

Los residentes también lamentan la falta de transparencia de sus dueños, que en muchos casos han obligado a firmar acuerdos de confidencialidad a sus contratistas y a los empleados municipales, algo que ha impedido a los residentes conocer por adelantado exactamente qué se les venía encima.

La oposición social se ha filtrado a la política. Una veintena de Estados, gobernados por demócratas y republicanos, ha aprobado medidas para pausar o prohibir la construcción de centros de datos. Otros siete las tienen en trámite. Texas, con una de las mayores concentraciones de esos complejos y cuyo gobernador, el republicano Greg Abbott, había prometido convertir en el “epicentro del desarrollo de la inteligencia artificial”, ha parado en seco, en medio de una oleada de encuestas que apuntan a que los votantes de ese Estado van a dar un giro hacia los demócratas. En Ohio, el rechazo popular ayuda en los sondeos al candidato demócrata al Senado, Sherrod Brown, frente al republicano Jon Husted, que ha apoyado esas construcciones.

“Engañaron a la comunidad”

“Tenemos que pararlos”, opina el historiador Pirio. El centro de datos junto a su hogar, en la localidad de Sterling, entró en funcionamiento en febrero de 2025. No estaba conectado a la red eléctrica, sino que funcionaba con su propio generador de electricidad.

“Engañaron a la comunidad. Nos enteramos por el ruido que hacía: no nos avisaron ni a nosotros ni a las autoridades locales”, explica el historiador. “Nos dijeron que iban a construir este edificio más pequeño, luego doblaron el tamaño. Nunca le dijeron a nadie que iban a incluir una planta eléctrica”.

La empresa propietaria ha puesto en marcha un plan de 15 millones de dólares para mitigar el ruido, pero los vecinos denuncian que los efectos se siguen notando. “Lo han reducido justo al nivel que ordenan los reglamentos, pero no a un nivel en el que no perjudique la salud”, sostiene Pirio. “Hace ruido las 24 horas del día, siete días por semana. Provoca dolores de cabeza y no deja dormir por la noche. Y luego está la contaminación del aire. En mi calle hay una familia con cuatro hijos, y los cuatro han desarrollado problemas respiratorios. A uno de ellos hubo que hospitalizarlo”, denuncia.

El problema se agrava si se produce algún corte del suministro eléctrico en los centros repartidos por la zona y los sistemas activan generadores diésel para seguir funcionando. “Me entero enseguida porque empiezo a sentirlo en los pulmones, en la garganta”, explica Pirio.

La mayor parte de los centros de datos sí está conectada a la red eléctrica. Y eso genera sus propios problemas, dado su descomunal consumo de energía. La compañía eléctrica que da servicio en esta zona, Dominion, ha recibido peticiones de las empresas de centros de datos para suministrar más de 40 gigavatios, suficientes para cubrir las necesidades de más de 10 millones de hogares, y el doble de la capacidad de la red que la empresa tenía en 2024 en el norte de Virginia.

Un poste eléctrico en el jardín

Vicky Hu, agente inmobiliaria de profesión, seleccionó cuidadosamente la casa que compró hace 26 años en Ashburn, también en Loudoun. “Entonces, todo esto eran granjas. Había más animales que personas”, recuerda. Su cuidadísimo jardín, rodeado de árboles y un arroyo, es la niña de sus ojos.

Los ruidos de la construcción de un gran complejo de centros de datos de Amazon varios cientos de metros más allá no le alarmaron excesivamente cuando comenzaron. Pasarán cuando hayan terminado las obras, pensó. Pero en junio recibió lo que describe como “la llamada telefónica del infierno”: la compañía eléctrica planea una ampliación del tendido eléctrico para dar servicio a esos centros de datos.

Esa prolongación pasa por su jardín: adiós a los árboles, hola a un poste de alto voltaje de 60 metros de altura y un pasillo a su alrededor en medio de ese césped tan cuidado. “Voy a perder la mitad de mi terreno y el acceso al garaje”, se lamenta Hu. “Y es peligroso. Si acaban plantando el poste, mi casa queda dentro de la zona sobre la que podría caerse si hay un problema. Y estamos hablando de un poste de alta tensión”.

El origen del bum de los centros de datos en el condado de Loudoun está en los años noventa, cuando el entonces gigante de las telecomunicaciones AOL se instaló allí por su cercanía a Washington y al aeropuerto internacional de la capital, Dulles. La presencia de esa empresa atrajo a otras y creó la infraestructura necesaria para que se creara todo un núcleo tecnológico. Una serie de incentivos fiscales contribuyeron a ampliarlo. El desarrollo de la inteligencia artificial lo ha multiplicado.

La situación del condado, a apenas 50 kilómetros de la capital, también ha contribuido a esa explosión en el número de centros de datos. El Gobierno federal y sus contratistas son entidades ávidas de datos. La abundancia de terreno y la cercanía al río Potomac aportan el resto.

No todo el mundo en el condado se opone a esos centros. En una reciente sesión del Gobierno local para decidir una serie de restricciones a los centros ya aprobados pero aún por construir, algunos vecinos recordaron la riqueza que esos centros han generado.

Michelle Chesser, madre de dos hijos de nueve y seis años, trabaja en uno de ellos tras hacerse con un grado de especialista en su mantenimiento. “Mis hijos crecen en un condado con fantásticas escuelas públicas, parques preciosos y unos recursos increíbles. Los centros de datos, y los ingresos y la actividad que generan, han desempeñado un papel importante para ayudar a que Loudoun haga esas inversiones. Pero su impacto también beneficia a gente como yo”, aseguró en esa sesión.

Según los cálculos de Stijn van Niewerburgh, de la Universidad de Columbia y autor de un estudio titulado La financiación de la construcción de la inteligencia artificial, la construcción de centros de datos y la infraestructura y equipos necesarios para que funcionen representarán un gasto de 10,3 billones de dólares entre 2025 y 2032: una media del 3,6% del PIB estadounidense por año. Van Niewerburgh apunta: “Las construcciones que se proyectan serán una parte mayor de la economía que los bums de inversión previos en canales, ferrocarriles, electricidad, autopistas y telecomunicaciones”.

Otros matizan que lo que desean es mantenerlos en zonas industriales específicas, lejos de las zonas de viviendas. “No estamos contra los centros de datos en sí. Pero no los queremos cerca de zonas residenciales. Hay muchísimos terrenos por todo Loudoun que podrían ser más adecuados para esos complejos”, explicaba durante la junta del Ejecutivo local el residente Bill Wiert, antiguo empleado federal.

Como otros miembros de su asociación vecinal, Wiert había llegado vestido de verde como un gesto de oposición a esas instalaciones. Y se declaraba pesimista sobre lo que fueran a decidir los concejales sobre las restricciones a los centros en construcción: “Hay demasiado dinero, demasiados intereses creados. Y no hay suficiente presión política”.

Tenía razón. Un par de horas después, la junta de supervisores —el gobierno local— rechazó la moción sobre las limitaciones. Decidió que imponerlas desencadenaría una demanda judicial de las grandes tecnológicas que podría costar 60 millones de dólares.


Descubre más desde Manix de Mintaka

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.